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Historia de La Algaba

Los orígenes del núcleo se sitúan en la época prerromana cuando los herederos de la civilización tartesia fundaron la Balbibilis Turdetana, destruida en tiempos de los visigodos. Su denominación actual procede del árabe Al-Gaba, que significa "El Bosque". Fernando III la reconquistó en 1247 y la se la cedió a su hijo Don Fadrique. Al morir éste volvió al poder real. En 1304 fue dada al infante Don Alfonso de la Cerda, quién la cedió más tarde al Duque de Niebla. Por último, éste la cambió a Don Juan Guzmán por Medina Sidonia.

Fue Felipe II quien creó el Marquesado de La Algaba para contrapesar la penuria económica de su Hacienda, quedando sujeta la villa a este Señorío hasta el siglo XIX en que se constituyó su Ayuntamiento Constitucional.

El núcleo originario de la población está constituido por un recinto amurallado amplio para las características de la población y que ha sido superado por la edificación recientemente. Así, junto a los límites del casco tradicional, se ubican barrios construidos en las décadas de los 50, 60 y 70, tendiendo las edificaciones más recientes (décadas de los 80 y 90) a ocupar los espacios agrícolas situados entre los tres límites físicos del espacio urbano, que son: el río Guadalquivir, la carretera comarcal 431 y la carretera Santiponce - La Algaba.

El semblante monumental de La Algaba muestra dos edificios principales, la Iglesia de Santa María de las Nieves, de estilo gótico-mudéjar y que contiene hermosas bóvedas de crucero, y la Torre de los Guzmanes que, con una altura de 27 metros, fue concebida como edificación defensiva allá por el siglo XV. Tres plantas enlazadas por escaleras se cubre de bóvedas, siendo la parte más interesante desde el punto de vista estilístico el conjunto de ventanas: de arco rebajado, de ojiva, trilobuladas o polilobuladas. El remate almenado corona este bien conservado monumento ubicado en pleno centro tradicional del núcleo.

Por último, es de señalar, la ermita de La Concepción, en el barrio de El Aral, que fue totalmente restaurada en 1929 y que conserva interesantes esculturas como la de la Virgen de la Concepción, del siglo XVIII, y la de San José, perteneciente a la escuela de Martínez Montañés.