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Historia general

 

La comarca sevillana de la Vega cuenta entre sus municipios con el de La Algaba, villa que se extiende sobre la margen derecha del río Guadalquivir, a unos seis kilómetros de Sevilla. Su denominación actual procede del vocablo árabe Al-Gabab, cuyo significado, “El Bosque”, se debía probablemente a la feracidad de su vegetación y arboleda, que existían en la comarca en época musulmana.
Algunos restos como silex o anzuelos encontrados nos muestran el paso del ser humano por nuestras tierras, durante la Prehistoria, aunque las condiciones de vida no serían demasiado propicias para el establecimiento de núcleos estables dada la dificultad del terreno, a menudo anegado del curso fluvial.
Los primeros asentamientos, se sitúan posiblemente en época prerromana cuando los herederos de la civilización tartesia, los turdetanos fundaron en su actual término municipal, Balbilis.
A través de excavaciones realizadas en términos municipales se constata la presencia de contactos con pueblos orientales (fenicios) por la aparición de elementos de hierro encontrados así como la aparición de cerámica a torno, inventos desconocidos en las poblaciones indígenas de nuestro entorno hasta los primeros contactos comerciales con los fenicios hacia el siglo X- IX a.C.
Más tarde, con la dominación romana, el actual término se llenó, como toda la Bética, de explotaciones agrícolas de mayor o menor entidad, destacando sobre todas la Casilla Bravo, propiedad en la que se han hallado tres focos arqueológicos, tratándose de un grupo de edificios que rodeaban a una villa romana que poseía termas, necrópolis, etc. y que datan del siglo I al IV d.C.
Otros yacimientos menores localizados en La Algaba se encuentran en los alrededores del cortijo de El Tardón, donde se hallaron voluminosos bloques de piedra tallada y fragmentos de ladrillos y tejas y en el cortijo del Vizcaíno, cuyo emplazamiento se halla bastante deteriorado.
Estos restos de villas romanas se convirtieron durante época musulmana en almazaras árabes. Durante este periodo su importancia creció notablemente, dejando una huella importante en el municipio que posteriormente, llegó a albergar la segunda comunidad mudéjar más importante de Sevilla hacia el siglo XIII. Esta huella musulmana es patente en sus calles retorcidas, estrechas y sus adarves e incluso el gusto mudéjar de la Torre de los Guzmanes, monumento principal de la villa.
Reconquistada por Fernando III en 1247, los primeros donadíos fueron otorgados a la familia real, recibiendo entre otros, el de La Algaba, el 10 de diciembre de 1253, al infante Don Fadrique. Posteriormente, cambió de manos en numerosas ocasiones, contándose entre sus propietarios Don Alonso Pérez de Guzmán, el infante Don Gonzalo Sánchez de Campaniello, el almirante Fernán Sánchez de Tovar y el conde de Niebla.
En 1440, Juan de Guzmán y Torres, hijo del Maestre de Calatrava don Luis González de Guzmán, obtiene por trueque con el conde de Niebla, la villa de La Algaba, Alaraz, el Vado de las Estacas y las aceñas del Rey y la Ina, a cambio de Medina-Sidonia, señorío este último que le había concedido el rey Juan II, estableciendo en ella su poder jurisdiccional. A partir de entonces La Algaba se constituye en un señorío estable. El rey Felipe II creó su Marquesado en 1565, siendo su primer marqués don Francisco Guzmán y Manrique, para contrapesar la penuria económica de su Hacienda, quedando sujeta la villa a los marqueses del mismo nombre hasta el siglo XIX, cuando se constituye en Ayuntamiento Constitucional.
Es de esta época, (S. XVI) la construcción del Convento de San Francisco de los Ángeles, en el actual Barrio de la Cruz y la creación de las Hermandades de Sangre (los hermanos se autoflagelaban) y de Luz (iluminaban la procesión con sus velones). Es a partir del Concilio de Trento, cuando se configura en buena medida la idiosincrasia de la sociedad algabeña, andaluza y española, mediante una rígida moral católica.

 

El siglo XIX y XX supuso para La Algaba profundos cambios en casi todos los aspectos, comenzando con el impacto de la Guerra de la Independencia y el proceso de las Desamortizaciones. El secular aislamiento de La Algaba, rodeada por cauces fluviales, darán paso a un mayor contacto con la metrópoli hispalense.
Tras la cruenta Guerra Civil y la dura posguerra, durante las décadas de los 60 y 70 del siglo XX, el pueblo comienza su expansión y se van construyendo barrios nuevos junto a los límites del casco tradicional, tendiendo las edificaciones más recientes a ocupar los espacios agrícolas situados entre tres límites físicos que claramente delimitan el espacio urbano, el río Guadalquivir, la carretera comarcal A-8006 y la A-8079, carretera que une Santiponce y La Algaba.
Algunos hechos de la historia reciente, marcaron la memoria colectiva de los algabeños como las riadas por las crecidas del Guadalquivir, que a lo largo de la historia, anegaron y azotaron el caserío algabeño. O la destrucción del antiguo “Rodríguez de la Borbolla”, el fatídico 29 de marzo de 1924, con el dramático final de quince pérdidas humanas.
Tras el fallecimiento del General Franco y el fin de una dictadura que duró cuarenta años, un nuevo período de democracia se abre en la Historia de España y en particular de nuestro municipio, estableciéndose en 1979, el primer Ayuntamiento democrático en nuestra localidad.